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Mensaje  LUKANKASI el Miér Abr 04, 2012 5:51 am

LOS IMPERIOS MEDIEVALES AFRICANOS

LOS BANTUES
IMPERIO DE GHANA
IMPERIO DE MALI
CONGO Y ANGOLA

Africa: un continente enorme, ardiente y casi aislado
Hasta hace muy poco tiempo, Africa seguía siendo un continente desconocido, extraño y sorprendente, no obstante su cercanía a Europa y Asia. Buena parte de la explicación de esto se encuentra en su geografía.
El continente africano, hablando figuradamente, está vuelto sobre sí mismo, “enconchado”, como protegiéndose de la curiosidad y penetración del mundo exterior que lo circunda. Los bastiones que lo defienden son: un inmenso desierto al norte, el Sahara; dos vastos oceanos, el Atlantico, al occidente y el Indico, al oriente. Además, sus costas son de difícil acceso, no hay bahías ni puertos naturales. Como si fuera poco, sus ríos no son navegables, al estar cortados por rápidos y bancos de arenas. La mayoría de ellos vierten sus aguas hacia los lagos interiores y no hacia los océanos, quedando excluidos de lo anterior, el Niger, el Congo y el Zambeze.
Tales características generales determinaron el relativo aislamiento de sus grupos humanos durante varios milenios. Los contactos con otras culturas fueron tardíos. Los musulmanes se expanden por la costa norte-africana desde el siglo VII y los portugueses bordearán la costa occidental a lo largo de los siglos XV y XVI, más interesados en la ruta a la India, que en penetrar propiamente el continente.
“El señor del continente africano es el sol”, nos dice el africanista Pierre Bertaux. La línea ecuatorial y su zona de influencia, al norte y al sur, forman un cinturon climatico, donde predominan las lluvias violentas, las altas temperaturas y la humedad constante. Estos factores contribuyen a la formación de una selva tropical densa y exuberante, que se extiende de occidente a oriente, pero cuya anchura no sobrepasa los 300 km.
Hacia el oriente, se encuentra la region de los grandes lagos, donde sobresalen El Victoria y el Tanganica, en el primero de los cuales tiene su nacimiento el rio Nilo. En el sur, otro gran desierto, el Kalahari, completa las grandes regiones fisiograficas del continente africano.
Cabe agregar que el clima mediterráneo (más moderado) se presenta en los dos extremos continentales: en el Africa del Norte y en la region del Cabo (Africa Meridional). Con razón, el estudioso que se ha citado, dice: “Tierra poco agradecida, clima penoso: en Africa, la lucha por la vida es encarnizada. La existencia de las plantas, de los animales y de los seres humanos está aquí perpetuamente amenazada. El insecto es más peligroso que la fiera, y el microbio, más que el insecto”.

Del paraiso perdido al poblamiento de un territorio inhospito
Entre el origen del hombre, su posterior evolución y hasta la formación de las grandes civilizaciones africanas, existe todavía un gran vacío de conocimiento sobre lo que ocurrió realmente. Pero, al menos, dos grandes hechos que marcarán la historia de los pueblos africanos están bastante claros: el desecamiento progresivo del Sahara y la aparición de las razas negras.

El paraiso sahariano se seca
Los estudios de los geologos y arqueologos establecen que hace unos 10.000 años el Sahara era un territorio fértil. Cubierto de bosques, surcado por ríos correntosos, con lagos profundos, permitió la vida de una fauna y flora abundantes y variadas, así como los asentamientos humanos en los bordes de los lagos donde se vivía de la pesca. La fertilidad de la tierra facilitó el apacentamiento de ganados y las actividades agrícolas.
Los migrantes que se dirigen al valle del Nilo, fundan la civilización egipcia; los que siguen al sur, hacia el Níger, serán la base de los futuros Imperios Africanos; pero los desplazamientos se dirigen todavía más al sur y al oriente en una ocupación sin tregua del territorio. Los que más se resisten a salir, se convertirán en los nómadas, hombres del desierto.
Se originan las razas negras
Del hecho anterior, algunos estudiosos postulan una hipotesis: la existencia de un centro civilizatorio único en el Sahara fértil, que posteriormente a su desecamiento, se dispersó. Según este argumento, las razas negras africanas habrían tenido su origen en dicho fenómeno y por lo tanto, no serían tan antiguas. El desecamiento del Sahara pudo provocar mutaciones o cambios en las razas primitivas pobladoras (que no eran negras), principalmente entre los grupos pescadores de los lagos, al quedar expuestas a una doble insolación, directa y reflejada, entre el cielo y el agua.
No existe, entonces, una sola raza negra. Los migrantes saharianos sufrieron con el tiempo cambios y mezclas constantes. Aunque sí mantuvieron una relativa, pero indudable, unidad profunda socio-cultural, que se expresa en las civilizaciones negro-africanas y en cierto parentesco con la civilizacion egipcia. Esto es observable, más que en los rasgos étnicos, en los sistemas de parentesco y en la familia, que presentan muchas relaciones. Igualmente en las lenguas, que aunque son diversas, se emparentan entre sí y comparten un vocabulario con las lenguas egipcias.

Los bantues, grandes colonizadores
Una clara consecuencia de los dos grandes hechos que se expusieron arriba, es el enorme reto que debieron encarar los distintos grupos humanos, para adaptarse a territorios desconocidos e inhóspitos, en lo cual debieron desplegar todas sus iniciativas y creatividades. Uno de los grupos más importantes, por su decisiva labor pobladora, fue el de los Bantues. Originarios de las mesetas al norte de Camerun, experimentaron una vigorosa explosión demográfica en los albores de la era cristiana. Aunque no constituían una unidad racial, si lo eran socioculturalmente, por compartir los dialectos bantues. Sus desplazamientos se dirigieron al sur y al oriente. No se conoce suficientemente qué explica su sorprendente crecimiento demográfico. Probablemente, un mejoramiento del nivel de vida haya contribuido en esto, puesto que producían y consumían ñame y banano, procedentes de Indonesia y que no se sabe cómo llegaron hasta ellos. También poseían la técnica del hierro, lo que les permitió a los bantúes penetrar con rapidez en la selva húmeda, antes impenetrable, al disponer de herramientas resistentes con que roturar la selva, habilitándola para la agricultura. Fue así como se pudo ocupar la selva tropical, en las regiones del Niger y del Congo.
Entre los siglos VII y VIII, los bantues alcanzan la región de los grandes lagos; hacia el siglo X están en Rhodesia del Sur. Ellos no avanzaban sobre territorios vacíos, entraron en contacto con otros ocupantes, como los pigmeos y otros grupos negros, con quienes en ocasiones o se mezclaron o chocaron violentamente.
De la adaptación y el poblamiento a la formación de los imperios africanos occidentales
La comprensión de la historia africana, pasa por identificar las relaciones que se dieron entre paisaje geografico y las variadas alternativas de adaptación y progreso de los grupos pobladores. El máximo nivel alcanzado fue la formación de los Imperios Africanos Occidentales. Aquí se resumen las principales características de estas sociedades.

Una agricultura móvil
La pobreza del suelo y el duro clima obligaron a las gentes a una permanente movilidad, que impidió la concentración o densificación de la población. En consecuencia, la posesión del suelo no tuvo ni el carácter ni la importancia que revistió en Europa. El sentido de propiedad territorial no podía tener valor en un espacio ilimitado como el africano, donde para poseer la tierra, bastaba tan sólo desplazarse sobre ella.
Surgió entonces, un peculiar sistema, según el cual, una vez que el grupo ha agotado una extensión de tierra, se busca otra, se la adecúa, se repite de nuevo todo el proceso y así sucesivamente. Se trata de una agricultura nómada, móvil. La aldea entera puede desplazarse, porque ésta no la forman las casas, sino el grupo humano. Las casas eran por eso, de una arquitectura elemental, construidas a base de arcilla mezclada con paja.

La riqueza eran los hombres: la esclavitud africana
Puesto que la riqueza no estaba en la tierra, recurso disponible para todos, lo que sí representó un enorme valor para estos pueblos fue la riqueza en hombres y en su capacidad de trabajo. Tal es la razón de la práctica milenaria de la esclavitud en Africa. Sin embargo, no hay que olvidar que, dicha práctica tuvo unos límites precisos. Siempre estuvo circunscrita a la escala familiar, al trabajo doméstico y a las economías de subsistencia; tan sólo en los casos de las minas y el comercio, se aplicó a escalas más amplias. Los antropólogos e historiadores hablan, por eso de un servicio humanitario de esta esclavitud, que valora a los esclavos y su trabajo, que permitió un uso selectivo de los esclavizados según sus conocimientos y destrezas; muchos podían comprar su libertad e incluso casarse con miembros de la familia de sus antiguos propietarios. Después del contacto con asiaticos y europeos, éstos llevarán la esclavitud hasta la escala comercial ilimitada, con las consecuencias conocidas.
Las organizaciones sociales y políticas que formaron los negro-africanos, estuvieron marcadas por la esclavitud: el comercio, el ejercicio de la autoridad y el gobernar, dependieron de inteligentes y funcionales sistemas políticos, desconocidos por el hombre europeo.

“La política es el gobierno de los hombres”
Estas organizaciones, aunque son conocidas como “reinos” o “imperios”, el significado de dichos términos no es equiparable al contexto europeo o asiático.
Más que controlar y delimitar territorios, buscaron gobernar grupos humanos, más o menos dispersos. Carecieron de “fronteras” precisas y ni siquiera sus “capitales” fueron fijas. En rigor, eran áreas donde se ejercía una autoridad y el centro del poder dependía de circunstancias variadas (militares, comerciales, etc.). P. Bertaux sugiere que tal vez sea mejor denominarlas anarquías, jefaturas y hegemonías, de acuerdo con sus características principales.
En las anarquías, no existieron jerarquías sociales, fueron sociedades llanas e igualitarias, pero donde reinaba un perfecto orden que descansaba en la actividad campesina, la ley tradicional aceptada por todos y la religión. Una censura moral colectivas sancionaba a todos aquellos que pretendían violar las costumbre del grupo.
En las jefaturas, el prestigio de una o varias familias ha logrado sobresalir frente a las demás. Generalmente, por el prestigio de un antepasado “fundador” o “protector” del grupo. De todas formas, las jefaturas no tenían mando único, y el sistema se complementaba con otras instituciones: otras familias, los linajes, los clanes familiares, los grupos generacionales (clasificados por edades), los consejos de ancianos depositarios de la tradición. Pero las familias principales dejaron de realizar las actividades económicas o materiales, para las cuales disponían de esclavos, dedicándose exclusivamente a gobernar.
Las hegemonias, por su parte, fueron el sistema político más avanzado de las civilizaciones antiguas africanas. El espacio que dominaron fue mayor, aunque no delimitado; además de las jefaturas, contaron con una jerarquía administrativa, un fisco y un ejército. Generalmente se organizaron para responder a una rivalidad comercial, planear una conquista o repeler una invasión. Condiciones todas favorables para que un grupo tomara el liderazgo, creando organismos estatales, con jerarquías raciales, estamentales, religiosas o militares, adoptando la forma administrativa, fiscal y política.

Los imperios africanos y el control de las rutas comerciales
El motivo más importante para la organización de estos Imperios fue el control de las rutas comerciales que comunicaban el norte de África, con “Bled es Sudan” (en árabe), el “pais de los negros”, hacia la selva tropical a través del Sahara. Controlar estas rutas, exigió unas actividades complejas: el mantenimiento de una red de caminos y abastecerlos de agua, organizar los mercados, darle protección y seguridad al comercio. Todo esto, sólo podía garantizarlo una fuerte organización y una administración eficaz. Así se formaron los imperios más antiguos del Africa Occidental: Ghana, Malí, Shongai, Gao, establecidos en la desembocadura sur de las principales rutas transaharianas.
El tráfico comercial más antiguo giró alrededor de tres grandes productos: la sal, el oro y los hombres.
Al transpirar más que los blancos, los negros necesitan vitalmente de la sal, que era traída por caravanas de camellos, desde las salinas saharianas, controladas por grupos bereberes (del norte de África). La sal se cambiaba por el millo, producido por los campesinos negros, y por oro, que no provenía de Ghana, sino de más al sur, del Bambak legendario (Guinea) con quien comerciaban. También se traficaban esclavos para trabajar en las minas de sal. Con el ir y venir de las caravanas, se fue difundiendo también la fama de “El Dorado” africano, sobre todo entre los árabes, quienes con el tiempo decidirán la suerte de estos florecientes imperios.

El imperio de Ghana
La antigüedad mediterranea-Grecia, Roma, Egipto, Fenicia y Cartago-, tuvo conocimiento y contacto con los bereberes o berberiscos (nombre dado por los romanos), el pueblo que habitó el norte de Africa. Pero serán los árabes quienes los venzan, destruyendo sus antiguos reinos. Estos reinos se extendían desde el Atlantico hasta la frontera egipcia y desde el monte Atlas (noroeste africano), hasta el l ago Chad. Con el tiempo, extendieron sus conquistas hacia el sur de África, o sea, hacia el río Niger y el Sudan.
Allí en la región del Sahel, floreció el Imperio de Ghana o Ghanata, en el año 1000 d.C. Los historiadores discuten si fue o no fundado por bereberes, pero ya existían en la región doblamientos negros y mezclas entre unos y otros.
Ghana, estratégicamente situado entre las salinas de Idjil y de Tagnaza (en el desierto) y las minas de oro de Galam y Bambak (en la región sudanesa), sacó un indiscutible provecho comercial, que rápidamente lo convirtió en un país poderoso.
En su capital, Kumbi Salen (fundada en el siglo IV), construida en piedra, habitaban el rey y su corte; pero, por la convivencia racial y cultural que se practicaba, se permitió que sabios y ricos mercaderes musulmanes, tuvieran sus barrios y mezquitas. En sus alrededores, vivía un laborioso pueblo campesino, que irrigaba sus tierras con sistemas de pozos. El rey controlaba el poderoso ejército, el sistema administrativo y el comercio exterior. La sucesión del trono seguía la línea materna, es decir, que correspondía al hijo de la hermana. Según los cronistas árabes, los primeros 44 soberanos fueron blancos (bereberes del norte), hasta que en el año 790, el negro Kaya Maghan Cisse (conocido como Cissé “Tunkara”, “El rey”), dio muerte al rey blanco, instaurando una dinastía negra que durará tres siglos.
Bajo esta dinastía, siglos IX a XI, Ghana alcanzó su máximo apogeo, extensión, riqueza y poderío. Se extendió al este hasta Tombuctú, al oeste hasta Senegal y al sur hasta el río Baule. No fueron poco los enfrentamientos, con bereberes y otros, por el control de las rutas comerciales.

Fin del Imperio Ghana
La expansión de Islam por el norte africano señaló el destino de los imperios sudaneses. En su afán invasor, los musulmanes se empecinaron en reducir y convertir a su fe al os pueblos bereberes, buscando ampliar sus ejércitos y conquistas. Recordemos que es un ejército de bereberes convertidos, que en el año 711 los árabes atraviesan el estrecho de Gibraltar para ocupar a España.
Sin embargo, no todos los bereberes se dejan dominar, y los que se resisten empiezan a emigrar hacia “El país de los negros”. Con su desplazamiento hacia la región sudanesa, los bereberes provocaron una aguda lucha por el control de las rutas comerciales.
Uno de estos grupos bereberes autónomos, aunque en parte islamizado, pasó a controlar la ruta sahariana entre Marruecos y Ghana, arrebatándole a los negros el valiosísimo oasis de Audoghast (a principios del siglo IX), estableciendo un Imperio Berebere que rivalizó con Ghana, durante el siglo X. En 990, el rey de Ghana reconquistó Audoghast y reinstaló un gobierno negro, que no habría de durar mucho tiempo. Conocedores de sus riquezas, diferentes tributos nómadas islámicas comienzan sus incursiones de saqueo sobre Ghana, especialmente los almoravides, que fueron los más agresivos.
Pese a ello, el rey de Ghana, siguiendo una tradición tolerante, les permitió convivir en el reino durante un tiempo, hasta que el fanatismo musulmán les impidió seguir soportando una soberanía negra e infiel, declarándose en rebelión. Durante 15 años se lucha sin tregua, hasta que en el año 1076 los almorávides toman la capital de Ghana, arrasándola y poniendo fin al imperio.

El Imperio de Mali
Como lo plantean los antropólogos, colombianos Nina S. de Friedmann y Jaime Arocha, cuando Ghana perdió su poder, los negros mandingas aceptaron el Islam, adoptando el nombre de Malí y se impusieron como el nuevo gran reino del Sudán antiguo, llegando a sobrepasar la extensión territorial que tuvo Ghana.
La epoca dorada del Imperio Malí se inició con el gobierno del rey Sundiata Keita, el “Carlomano africano”, quien murió en 1255, llegando a su apogeo con Manza Muza, en el siglo XIV. Sus progresos son resumidos por los estudiosos colombianos así:
• Durante el reinado de Sundiata (gran héroe malines), los malineses aumentaron su sabiduria en la agricultura y en la ganaderia. Convirtieron su tierra en una de las regiones más ricas del África Occidental. En 1324, su rey Mansa Muza, peregrinando a la Meca, sólo en el Cairo repartió quinientos esclavos y unas cuatro mil onzas de oro que ocasionaron un derrumbe de precios.
• Al antiguo poderío comercial, sumaron una verdadera revolución agrícola, que extendió el cultivo del sorgo y el millo, “los cereales sudaneses”, base alimenticia del Imperio. Otros cultivos como arroz, ñame, fríjoles y cebollas; la cría de aves, reses, corderos y cabras, y la cacería del apetecido hipopótamo, aseguraron con solvencia las necesidades vitales.
• Además de la vida agraria, importantes y activas ciudades completan el cuadro social de este reino: Niani, su capital, Djenne y Tombuctu, no sólo fueron centros comerciales donde se intercambiaban con profusión el oro, el marfil y los esclavos, sino las ideas y los libros escritos en árabe.
• El comercio, la preocupación por el conocimiento y la enseñanza universitaria, la práctica de un pluralismo etnico y cultural, destacan la poderosa civilización sudanesa, que al abrazar la fe islámica, amplió sus horizontes culturales.
Comenzando el siglo XV, los Songhais, que habían habitado en la parte oriental del antiguo reino de Ghana, gracias a unas mejores técnicas de regadío y navegación, se impusieron sobre Mali, que cedió su supremacía al nuevo reino.
El Congo y Angola
Hacia el siglo IX, diferentes etnias del Africa Central, mediante técnicas agrícolas y metálicas, habían penetrado la cuenca del río Congo, formando en lo profundo del bosque tropical los estados de Mpangu y Mbata. Ambos se integraron posteriormente en el Reino de Congo (Kongo: País de la Pantera), que entraría en contacto con los portugueses en el siglo XV, adoptando la fe católica, los trajes europeos, la lengua portuguesa y la autoridad de Portugal.
La riqueza natural de la cuenca del Congo, fue el recurso para el desarrollo de estas sociedades. El río corre en dirección occidental, desde las montañas Cristal, cruzando un vasto y rico territorio. Forma un amplio sistema fluvial de 12.800 km; 4.640 de ellos, pertenecientes al río Congo, son navegables en su zona de influencia y es el segundo en el África después del Nilo.
Según cuenta la tradición –recordada por Friedemann y Arocha- del reino de Bungo, asentado en los montes Mayombé, hacia el año 1300, sus habitantes vieron salir al hijo más ambicioso de los reyes en plan de conquista. Traspasó el río Congo hacia el sur en busca de los abundantes reinos de pequeñas jefaturas. Instruyó a sus capitanes en la estrategia de mezclarse con las hijas de l os conquistadores y él mismo dio el ejemplo, al contraer nupcias con la hija del “Sabio de la agricultura”, Mani Kabunga, y fue así como empezó la poderosa dinastía de los reyes del Congo.
El estado se organizó dividiendo su territorio en Cinco provincias: Mpemba, Soyo, Mbamba, Nsundi y Mpangu. Mbanza Congo, la ciudad real, que alcanzó a contar con alrededor de 100.000 habitantes en el siglo XVI, estaba rodeada de aldehuelas y campos cultivados. Ese esplendor fue el que encontraron los primeros portugueses. Allí moraban los poderosos reyes y se centralizaba el ejército, bien preparado y dotado.
Los congoleses antiguos fueron buenos agricultores, su principal producto fue el millo, que molían y convertían en harina de la cual se hacía un delicioso pan.
En las aldehuelas se cultivaban plátano, pimiento y ñame. Mantenían domesticados aves y ganado menor.
Desarrollaron un amplio sistema monetario, con base en las conchas de nzimbu, recogidas por las mujeres, bien al sur, en la Isla de Luanda, en territorio de Angola. Las conchas, entregadas a las arcas reales, se convertían en especie de moneda, para respaldar las transacciones comerciales.
En cuanto a la organización social, ni las labores agrícolas ni las ganaderas o de recolección de las conchas, eran realizadas por los altos jefes. Los esclavos, que se adquirían por compra o guerras, realizaban dichas tareas.
En 1483, siendo rey el Congo Nzinga a Kuwu, sus guerreros le avisaron que “enormes ballenas estaban arrimándose a la costa”, se referían a las naves portuguesas de Diego Cao. A partir de ese momento, los portugueses establecían unas firmes relaciones con El Congo, marcadas por la explotación y el sometimiento. Con el tiempo esto se llevó a conflictos. Los portugueses aprovecharon la rivalidad del Congo con el otro gran reino al sur, Angola, para sus propios beneficios de expansión, interrumpiendo el desarrollo autonomo de esas sociedades negras.
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